Belleza e inteligencia
sept 5, 2025 12:50 • 126 visitas
Arquetipos de belleza los ha habido siempre. Desde el Hombre de Vitruvio, pasando por la sofisticada Nefertiti, hasta llegar a la Venus de Willendorf, esa figurilla prehistórica que demuestra que la obsesión por la "forma perfecta" es tan antigua como el fuego. Ese arquetipo, tan eterno como la envidia y el espejo, ha sido objeto de culto para unos y modelo de tortura para otros.
Pero en nuestra época, el culto se ha convertido en religión y las penitencias son crueles. Multitudes han pagado con su salud por alcanzar ese cuerpo arquetípico capaz de pasar el día con una pieza de fruta y un yogur light. Y por si no bastara con el hambre, está el dedo acusador de la sociedad, empujando y sonriendo, porque el negocio necesita sus fieles.
En la última década, sin embargo, el juego ha cambiado: ya no nos comparamos con modelos desnutridos, sino con modelos que ni siquiera existen. Modelos de IA que pueblan las portadas de moda, diseñados píxel a píxel para que usted tome conciencia de sus propias imperfecciones. ¿Y qué nos queda? Fácil. Si ha desarrollado anorexia intentando parecerse a un fantasma digital, puede acudir a otra ilusión, esta vez para curarse: un terapeuta de IA. Pura simetría. Ficción para sanar ficción.
No se confunda. La tecnología que le enferma por la mañana y le promete una cura por la tarde no está aquí por altruismo. Está diseñada para ordeñar su atención y transformarla en anuncios personalizados, datos revendidos en la sombra y suscripciones mensuales que exprimen su angustia. Porque la inteligencia, cuando se divorcia de la bondad, no hace milagros: hace negocios de medio billón de dólares.

Venus de Willendorf (c. 28.000–25.000 a. C.), figurilla paleolítica. Museo de Historia Natural de Viena.
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